La modernidad a dos bandas
Tras los rigores del verano, el otoño expositivo tendrá en Málaga su particular protagonista con la muestra ‘Munch-Picasso. Influencias y afinidades’, un encuentro entre los dos titanes del arte que acogerá el Museo Picasso
El artista y su modelo' (1919-1921), de Edvard Munch. / DeAgostini Picture Library / Scala, FlorenciATanto por su decisiva influencia posterior como por la manera en que fagocitó a su mayor albedrío todas las corrientes artísticas previas, la posibilidad de vincular la obra de Pablo Picasso (1881-1973) con la de prácticamente cualquier otro artista está siempre al alcance. Si, digamos, todo creador asume la responsabilidad de construir un mundo a partir de su experiencia directa con la realidad, Picasso alumbró un cosmos al que ningún mundo es ajeno, con lo que siempre hay un resquicio en el que la conexión es factible. Al mismo tiempo, las asociaciones críticas e históricas del malagueño con sus contemporáneos que no formaron parte de su círculo directo a menudo deparan, todavía, sorpresas reveladoras. A primera vista, resultaría difícil establecer vínculos estéticos claros e inmediatos entre Picasso y el pintor noruego Edvard Munch (1863-1944), pero esto es justo lo que pretende el Museo Picasso Málaga con su exposición temporal Munch-Picasso. Influencias y afinidades, que tendrá su inauguración el próximo 30 de octubre y podrá verse hasta el 27 de febrero de 2027. De entrada, encontramos en Picasso y en Munch dos puertas plenas de sentido a la modernidad, dos parteras de la criatura que concede la prioridad a la mirada del artista antes que a la realidad representada; y, por mucho que tal nacimiento parezca producirse desde dos vías distintas, corresponderá comprobar en qué medida Munch y Picasso, cada uno desde su latitud y desde sus inquietudes, se estaban refiriendo a lo mismo y con las mismas armas. En cualquier caso, la ocasión promete regalar otra exposición histórica al ya abultado recorrido al respecto del Museo Picasso, con especial protagonismo en el calendario artístico del otoño malagueño. |
| 'El pintor y la modelo' (1963), de Pablo Picasso. / Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía |
Comisariada por la jefa del Área de Conservación de Pintura Moderna del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Paloma Alarcó, la exposición cuenta con la colaboración del Munchmuseet Oslo y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso (FABA) y numerosos préstamos de museos españoles como el Museu Picasso Barcelona, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, así como los museos internacionales Tate de Reino Unido, Albertina Museum de Viena, MoMA de Nueva York, o Kode de Bergen, entre otros. La exposición, que reunirá más de un centenar de obras entre pinturas, grabados y dibujos, “propone descubrir las influencias mutuas y las numerosas afinidades temáticas, además de averiguar las preocupaciones similares que subyacen en los múltiples aspectos del arte de ambos artistas y sondear hasta qué punto su creación radical ha moldeado la forma en que vemos hoy el mundo”, según informaron desde el Museo Picasso.
La exposición reunirá más de un centenar de obras entre pinturas, grabados y dibujos, con préstamos de museos nacionales e internacionales
Más allá de la posibilidad de esgrimir cualquier relación de influencia directa (sería en todo caso Picasso susceptible de haber abrigado alguna huella de la obra de Munch, aunque tal extremo sería discutible siempre), la exposición plantea un recorrido por los temas y conflictos compartidos que articularon la obra de ambos creadores: el amor y el deseo, la enfermedad, la muerte, la soledad o la angustia existencial. Es decir, la propuesta establece una mirada amplia al tiempo que compartieron los dos creadores, un periodo marcado por la tragedia en el continente europeo y en el que los códigos artísticos, filosóficos e intelectuales viraron desde cierta esperanza ensimismada a códigos muchos más grises. Como contrapunto, tanto Picasso como Munch compensaron la deshumanización del entorno con una atención creciente a las emociones más íntimas, surcadas también, de manera inevitable, por la fatalidad y el desánimo existencial. La figura femenina ocupa un lugar central en ese universo simbólico. Admiradas y deseadas, las mujeres aparecen también como presencias complejas y ambiguas, reflejo de las tensiones afectivas y psicológicas que marcaron el imaginario de ambos artistas. Otro de los espacios de encuentro se sitúa en la vida moderna y sus escenarios de sociabilidad (cafés, cabarets y ambientes bohemios) constituyeron para Munch y Picasso lugares de experimentación y observación desde los que construir una nueva visión del individuo contemporáneo. “El diálogo entre ambos artistas permite reconsiderar el alcance de una creación radical que contribuyó decisivamente a redefinir el arte moderno y nuestra manera de comprender el mundo”, señalan al respecto desde el Museo Picasso a modo de justificación de la exposición. Si la modernidad exigía un empeño colosal para abrir una brecha al arte en un siglo catastrófico, Munch y Picasso lo lograron en virtud de un compromiso firme para el que no había vuelta atrás. Aunque en vida corrieron suertes muy distintas, la posteridad garantizó que habría que volver a ellos, necesariamente, para explicar el modo en que su siglo decidió inventar un arte nuevo para representar una realidad inasumible.
MÁLAGA HOY
PABLO BUJALANCE
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