Las mujeres sin rostro de Ewa Juszkiewicz
La artista polaca expone 24 obras en las que sustituye el rostro de mujeres pintadas por artistas de los siglos XVII al XX, por telas y elementos orgánicos
Se trata de una exposición de pinturas al óleo de una singularidad muy imaginativa. La artista polaca Ewa Juszkiewicz ha realizado una serie de retratos de mujeres pintadas por artistas de los siglos XVII al XX sustituyendo sus caras por elementos diversos que van desde plantas, flores, frutas, formas orgánicas y cabellos, hasta telas y joyas, a veces en combinación. El resultado es de una belleza extraordinaria y al mismo tiempo inquietante, incluso a veces siniestra, desde «Girl in blue», la primera que pintó en este género, hasta las otras 24 que se pueden ver en la exposición.
A lo largo de la historia ha habido artistas que han utilizado figuras, paisajes o creaciones de otros para crear o recrear nuevas obras. Es lo que se conoce como Arte de apropiación. Ewa Juszkiewicz deconstruye, interpela, distorsiona, transforma y deforma las obras originales, todas ellas retratos femeninos, para crear un nuevo concepto. Aunque la obra de Ewa Juszkiewicz ha podido verse en exposiciones colectivas en el Brooklyn Museum de Nueva York, el Centro Pompidou o los museos de Arte Moderno de París y el National Museum de Pekín, es la primera vez que un museo dedica una muestra individual a la obra de esta artista polaca nacida en Gdansk en 1984.
La exposición se inscribe en el marco de la operación que Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza vienen desarrollando desde hace algunos años para ampliar los fondos del museo. El Thyssen suele adquirir una de las obras que se exponen en la muestra una vez finalizada. Las obras que forman parte de esta exposición fueron realizadas entre 2013 y 2026, y algunas creadas exclusivamente para esta exposición. Son composiciones todas ellas en las que el rostro de la mujer queda oculto. Para crearlas, la artista polaca parte de pinturas históricas y se apoya en el surrealismo y el pop art. De este modo las reinterpreta cuestionando los ideales de belleza femenina con los que la mujer ha sido representada a lo largo de la Historia, y combina la tradición pictórica de los clásicos con un radicalismo subversivo que transforma las obras de referencia en elementos estéticos contemporáneos.
Ewa Juszkiewicz amplía de este modo los límites del retrato hacia una nueva interpretación histórica contemporánea de lo que a través del género se manifiesta como identidad o semejanza. Ocultando los rostros de las mujeres se da un mayor protagonismo a la vestimenta, la pose y al entorno en el que se sitúan, así como se evaden los ideales de belleza que respondían a normas de decoro y restricción social. Y a elementos como las plantas, vinculados a la pintura de bodegones y a su identificación con las artes decorativas. Con esta técnica, los nuevos retratos se abren a nuevas interpretaciones y a múltiples lecturas.
FARO DE VIGO
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