Guía con 24 exposiciones imprescindibles en febrero en Madrid: de la primera expo de foto del Prado al hiperrealismo de José Miguel Palacio
Febrero viene cargado de exposiciones para todos los gustos y públicos: fotografía, pintura, arte inmersivo... Estas son las que no puedes perderte.
Las exposiciones en Madrid, una ciudad llena de arte e innovación, son uno de los pilares centrales de su amplísima oferta cultural. Desde reconocidos museos hasta galerías de arte independientes, pasando por otros espacios expositivos menos convencionales, las posibilidades en cuanto a exposiciones –en este caso, del mes de febrero– son prácticamente infinitas.
Por eso cada mes hacemos una selección de las exposiciones imprescindibles que no te puedes perder en Madrid. Fotografía, pintura, arte contemporáneo, experiencias sensoriales e inmersivas… Hay mucho donde elegir y mucho que descubrir.
Museo de Historia de Madrid (calle de Fuencarral, 78)
16 de diciembre de 2025 – 24 de mayo de 2026
El Museo de Historia de Madrid acoge esta sorprendente muestra gratuita que pone a prueba los límites entre la pintura y la fotografía a través de la obra hiperrealista de José Miguel Palacio. En ella se pueden contemplar casi 70 lienzos en los que se puede sentir el bullicio de las calles y de los ritmos de la vida cotidiana madrileña desde la tranquilidad de una sala de museo.
Vida y obra de Lodeiro, «el pintor de Vigo»: compromiso y color
El documental «Lodeiro. O documental», promovido por su familia el año que marca el 30 aniversario de su fallecimiento descubre diferentes detalles de su legado artístico y de la figura de un hombre comprometido socialmente toda su vida
Exposición de Lodeiro en la galería Alpide de Vigo, en 2005 / Ricardo grobas
«Ojalá la exposición aporte calma en tiempos agitados»
Madrid acoge la primera exposición en España de Gustaf Nordenskiöld, en la galería Ett Rum
Entrevista al artista y diseñador sueco Gustaf Nordenskiöld. David Jar
El artista nórdico Gusta Nordenskiöld presenta «Frozen spot, frozen time», un proyecto que invita a la pausa y a la contemplación en pleno ritmo urbano.
Tengo muchas ganas de exponer en Madrid, una ciudad muy vibrante. Ojalá la exposición pueda aportar una sensación de calma, melancolía y un momento de quietud en tiempos agitados. Trae consigo la reminiscencia de otro lugar del planeta y la idea de que una acción concreta, una fuerza —como una pincelada— puede causar una gran impresión.
El proyecto Up North nació de un viaje físico y emocional siguiendo las huellas de su tatarabuelo, un explorador del Ártico. ¿Cómo dialogan en su obra la memoria familiar, la historia y su propia experiencia contemporánea como artista?
La retrospectiva Hammershøi llega al Museo Thyssen: un refugio de quietud en la era del ruido
Una muestra que reivindica a un autor danés que fue reconocido como maestro de lo íntimo y la cotidaneidad
Óleo sobre lienzo, 106,5 × 86 cm. SMK, National Gallery of Denmark, Copenhague. Statens Museum for Kunst
Vilhelm Hammershøi llega al Museo Thyssen
Una habitación vacía. Una ventana. La luz entrando en diagonal sobre un suelo de madera. Los espacios que en el día a día pasan inadvertidos por su cotidianeidad, se transfiguran en una experiencia profunda ante la obra de Vilhelm Hammershøi (Copenhague, 1864-1916). El artista danés, maestro de lo íntimo, será el protagonista de la exposición Hammershøi: El ojo que escucha en el Museo Thyssen-Bornemisza, del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026. Se trata de la primera retrospectiva de su obra en España, un proyecto nacido de la colaboración con la Galería Nacional de Dinamarca, que como nos explica Clara Marcellán, comisaria de la muestra: “Va a dar la posibilidad al público español de tener una panorámica de toda su creación, en un contexto de revalorización de su figura”.
Este interés renovado por el pintor es revelador. En una época dominada por el ruido visual y la urgencia, sus lienzos operan como una suerte de antídotos porque nos obligan a detenernos. “Hammershøi es un pintor al que no te puedes acercar con prisas”, subraya Marcellán. “Tienes que tomarte tu tiempo para articular el efecto que te produce su pintura”.
Una serenidad que reflejaba su carácter. Contemporáneos como el expresionista Emil Nolde que escribía sobre él como un hombre que hablaba “bajito y muy despacio”, mientras que sus colegas le describían como alguien discreto, e incluso taciturno. Nacido en el seno de una familia acomodada de Copenhague, su talento fue reconocido desde niño, especialmente por su madre, una circunstancia que le permitió ingresar a los 15 años en la Real Academia Danesa de Bellas Artes. Allí, fue alumno de maestros de la pintura nórdica como Vilhem Kyhn o Peder Severin Krøyer, que percibió en él una individualidad tan marcada que llegó a confesar que preferió no influir en su camino.
Curiosamente, sus primeras pinturas fueron retratos y paisajes como el que realizó a su hermana Anna o Paisaje con granero (1893), obras que despertaron la admiración de pintores como Auguste Renoir. Sin embargo, su lenguaje artístico comenzó a cristalizar cuando volvió la mirada hacia los interiores de su casa. Hammershøi omitía cualquier detalle anecdótico en estos lienzos; sus motivos eran deliberadamente prosaicos. La modernidad de sus pinturas reside en la forma de representarlos: una composición geométrica precisa, una luz filtrada que modela el espacio y una paleta reducida a una sinfonía de grises, blancos sutiles y negros profundos.
Viajero culto –visitó varios países como Francia, Inglaterra, Italia, Bélgica y Holanda, donde estudió a los maestros holandeses del siglo XVII–, su mayor fuente de inspiración fue el silencio doméstico. El resultado, son interiores que, incluso cuando están poblados por la figura de su esposa Ida –casi siempre de espaldas–, carecen de narrativa y tampoco traicionan la privacidad de sus habitantes. “Una cosa curiosa de Hammershøi es que todo el mundo puede proyectarse en sus obras”, comenta Marcellán. “Al final, él te deja ese espacio”.
Viajero culto –visitó varios países como Francia, Inglaterra, Italia, Bélgica y Holanda, donde estudió a los maestros holandeses del siglo XVII–, su mayor fuente de inspiración fue el silencio doméstico. El resultado, son interiores que, incluso cuando están poblados por la figura de su esposa Ida –casi siempre de espaldas–, carecen de narrativa y tampoco traicionan la privacidad de sus habitantes. “Una cosa curiosa de Hammershøi es que todo el mundo puede proyectarse en sus obras”, comenta Marcellán. “Al final, él te deja ese espacio”.
Este universo de quietud inspira el título de la exposición: El ojo que escucha. “Hay una idea de la escucha muy presente, que viene de la asociación de su obra con el silencio”, explica la comisaria. El silencio que puede apreciarse en las figuras absortas, en la paleta contenida y en las pinceladas cortas, pero Marcellán quiso ir más allá del tópico, rastreando la sorprendente relación del pintor con la música –tocó el chelo, tuvo músicos entre sus mecenas– y encontrando un paralelismo fascinante con sus contemporáneos abstractos.
“Mientras Hammershøi se mantuvo figurativo, era contemporáneo de Kandinsky, para quien la música era esencial”, señala. “Kandinsky describía el blanco –un color clave en Hammershøi– como “un silencio lleno de posibilidades”, una pausa musical. Muchas de sus obras son esa pausa, esa expectación que precede al sonido y que es necesaria para escuchar”.
La escucha visual se potencia en la repetición obsesiva de sus motivos. En esta reiteración compulsiva que le poseía no pintaba otra cosa más que su apartamento, como si quisiera capturar una y otra vez aquello que se escondía detrás de la composición, de los muebles e inmortalizar el tiempo que parece suspendido en sus habitaciones. Es precisamente esa repetición con ligeras variaciones lo que hace que su obra se acerque a la de sus contemporáneos como Cézanne o Monet.
La exposición del Thyssen reunirá 90 obras para mostrar esta evolución: 71 de Hammershøi dialogarán con 19 piezas de artistas afines, como su amigo Carl Holsøe (de quien se exhibe una obra de la Colección Carmen Thyssen). “Algo muy interesante es que se va a poder ver a Hammershøi en el contexto de nuestra colección y en relación, por ejemplo, con Pieter de Hooch, que es un pintor holandés del siglo XVII que él admiraba mucho”, cuenta Marcellán. “Además de otros artistas como Friedrich o Hopper, al que se suele vincular junto a Vermeer y Hammershøi en una historia silenciosa de la pintura”. Para la comisaria, “hay millones de conexiones que vamos a poder aprovechar a raíz de su paso por el museo”.
El recorrido incluirá desde sus obras icónicas, como Rayos de sol o Sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol (1900), Interior, Mujer vista de espaldas (hacia 1904) o Puertas abiertas (1905), hasta una reveladora serie de cuatro autorretratos. De los tempranos y austeros, como el de 1890, se pasa a los de 1911, que los estudiosos consideran osados. En ellos, Hammershøi mira directamente al frente, interpelando al espectador desde un lienzo de gran formato, una representación que contrasta con sus anteriores obras. “Probablemente son una especie de testamento artístico”, reflexiona Marcellán. “Hammershøi se pinta dentro de esos interiores que le hicieron famoso, a veces con Ida al fondo, como un elemento más de su arquitectura íntima”.
Museo Nacional del Prado.Madrid18/11/2025 - 8/3/2026
Juan Muñoz (1953–2001), uno de los artistas españoles más influyentes del arte contemporáneo, ‘regresa’ al Museo Nacional del Prado, lugar de inspiración que visitaba con frecuencia. En su obra se aprecia una relación conceptual persistente con el arte y la arquitectura renacentista y barroca en su manera de abordar la perspectiva, la composición y la puesta en escena.
Comisariada por Vicente Todolí, quien fuera director de la Tate Modern (2003-2010), la exposición reúne instalaciones, esculturas, libros personales, gabinetes con pequeñas figuras, dibujos y grabados que revelan la profunda conexión que el artista mantuvo con los grandes maestros del Prado, como Velázquez y Goya, y con las tradiciones del Renacimiento, el Manierismo y el Barroco. A ese conjunto de obras se añaden las que el Prado ha permitido que salgan de esas salas de exposiciones temporales y se desarrollen más vivamente en algunas de la exposición permanente (sala 12/Velázquez y sala 28/Rubens), y en espacios como la escalera sur próxima a la entrada de Murillo o en la explanada de la puerta de Goya. La muestra cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, a través de su Área de Cultura, Turismo y Deporte.
Con obras emblemáticas comoThe Prompter,Conversation PieceoThe Nature of Visual Illusion, el recorrido propone una experiencia en la que el visitante se enfrenta a figuras silenciosas que parecen observarle desde un universo suspendido entre la ilusión y la realidad.
La exposiciónpropone un recorrido por la obra de uno de los escultores más singulares del arte contemporáneo, cuya práctica estuvo marcada por el ilusionismo, la teatralidad y la arquitectura como espacio de ficción. Influenciado por Borromini, Bernini, Velázquez y Goya, entre otros, Muñoz creó escenarios donde el espectador se convierte en actor, testigo y protagonista de escenas cargadas de tensión psicológica y misterio.
Nacido en 1953 en Madrid, donde siempre mantuvo su estudio, Juan Muñoz es inseparable de su ciudad y, dentro de ella, del Museo del Prado, que visitó toda su vida y fue una fuente constante de inspiración. Esta exposición revela la conexión entre un artista contemporáneo y la historia del arte, que Muñoz estudió con pasión y de manera desjerarquizada desde joven. Sus visitas al Prado lo convirtieron en admirador de los grandes maestros, cuyas lecciones mezcló con irreverencia, afirmando: «Puedo tomar de los artistas anteriores lo que quiera y lo que necesite... No tengo ningún problema en reconocer que la Dama de Baza es tan importante para mi obra como un tubo de neón: de la historia del arte robo todo lo que puedo».
Escultor alimentado conceptualmente por la pintura, Muñoz confesó su intención de que su obra conservara los elementos ilusionistas de esta. De los artistas del Renacimiento adoptó una de sus principales preocupaciones: cómo situar al espectador en relación con la totalidad de la obra, «en relación con el momento de la creación del maravillarse». Inspirado especialmente en el Manierismo y el Barroco, experimentó con la distorsión de las formas, la manipulación del espacio y la tensión entre espectador y objeto. Aprendió de Borromini y Bernini a concebir la arquitectura como un marco teatral, capaz de provocar tanto la creencia como la desorientación: «Creo que a los grandes artistas del Barroco se les pedía lo mismo que a los artistas modernos: construir un lugar ficticio. Hacer el mundo más grande de lo que es».
Enigmáticas figuras a escala humana abundan en su obra, dispuestas en relación unas con otras en escenarios íntimos o deambulando en grupos. El espectador las encuentra congeladas en actos misteriosos o con la boca entreabierta, como si se hubieran quedado mudas a mitad de una frase. Los avatares de Muñoz evocan la escultura griega clásica a la vez que dialogan con los textos absurdistas y existencialistas de Borges y Beckett.
A mediados de los años ochenta del siglo XX comenzó a incorporar suelos ópticos en sus instalaciones, evocando los de Borromini, pero también estructuras minimalistas a la manera de Carl Andre, concebidas para ser recorridas. Continuó utilizando la arquitectura como parte integral de su obra, creando entornos dramáticos que envuelven al espectador. Obras comoThe PrompteroThe Nature of Visual Illusionaluden a los dispositivos teatrales del Barroco, convirtiendo al visitante en actor y testigo a la vez.
Otro motivo recurrente en su trabajo son los balcones, que remiten tanto a los de Manet y Goya como a los de hierro forjado de las calles madrileñas. Para Muñoz, el balcón era «una metáfora de mirar aquello que te mira», un escenario de observación recíproca.
Influenciadas por Giacometti, lasConversation Piecesque desarrolló a lo largo de su carrera fueron concebidas de forma no naturalista, despojadas de asociaciones reconocibles para construir escenas de intensa carga psicológica. Iniciados en 1991, estos grupos de figuras de rostros idénticos y gestos individuales parecen conversar entre sí e invitar al espectador a formar parte de la escena, pero terminan rechazando su entrada y obligándolo a sentir su propia presencia en el espacio.
Los ecos de Velázquez y Goya resuenan en toda su obra, desde los espejos que implican al espectador —como enFive Seated Figures, evocandoLas meninas— hasta las escenas de absurdo silencioso que recuerdan los Caprichos o los Desastres, dramatizando esa fina línea entre la risa y el sufrimiento que tanto fascinó a Muñoz y que aprendió de Goya.
A pesar de su profundo compromiso con la historia del arte, Muñoz fue un innovador que trascendió la estética de su tiempo. Creador de esculturas, instalaciones, dibujos, escritos y obras sonoras, se consideraba un narrador cuyas historias nos piden suspender nuestra incredulidad y adentrarnos en su ilusionismo barroco.
El Centro Cultural Marcos Valcárcel inaugura la muestra ‘Buciños + Buciños’
Se trata de un diálogo artístico entre padre e hijo que podrá verse en Ourense hasta el 5 de abril
Buciños padre e hijo, más Buciños que nunca | José Paz
El Centro Cultural Marcos Valcárcel inauguró este martes la muestra ‘Buciños + Buciños’, una propuesta que reúne la obra del escultor Monolo Buciños con la de su hijo, Antón Buciños, en un diálogo intergeneracional poco habitual en el ámbito expositivo, que podrá visitarse hasta el próximo 5 de abril.
En la obra artística de Buciños predominan las piezas de bronce, aunque también presenta algunos trabajos realizados en madera y en piedra. Como novedad en la exposición, se incluyen varias figuras que combinan piedra y bronce, contrastando el color claro de la piedra con el oscuro del bronce —generalmente abrazándose— y que el artista interpreta como un guiño a la emigración y a la acogida de personas procedentes de otras culturas. La obra de Antón Buciños, en este caso, corresponde a la pintura, con óleos sobre lienzo de marcado carácter abstracto y expresionista en los que desarrolla múltiples combinaciones cromáticas.
A pesar de haber nacido en la provincia de Lugo, Buciños eligió Ourense como lugar para vivir y desarrollar su trayectoria artística, convirtiéndose en un referente cultural de la provincia y de Galicia, y pasando a formar parte de la identidad cultural de la ciudad.
Se trata de una muestra singular y con un carácter diferenciador al reunir la obra de padre e hijo, una iniciativa que, según destacó el presidente provincial, Luis Menor, durante la inauguración, es “poco habitual” y “muestra la capacidad de la Diputación para impulsar proyectos culturales singulares”. En este sentido, agradeció expresamente la participación de Antón Buciños, que “hizo posible ampliar el alcance de la exposición y construir un relato compartido”.
Buciños, subrayó Menor, es un “estandarte imprescindible de la escultura gallega” y mantiene una estrecha vinculación con la provincia. La Diputación, explicó, mantiene desde hace años una amplia relación con el escultor, entre la que destaca la creación de la Calpurnia que se entrega a los galardonados del Ourense Film Festival, rediseñada el pasado año con una nueva pieza que actualiza este símbolo del certamen. Un ejemplo, recordó el presidente, de una colaboración viva, basada en el respeto y en la apuesta continuada por la creación.
Menor quiso subrayar también la confianza que Buciños deposita en el Centro Cultural Marcos Valcárcel, recordando que su última exposición tuvo lugar en este espacio en el año 2020 y que desde entonces no quiso exponer en otro centro. “Que un creador de su dimensión elija esta casa como espacio de referencia es un orgullo para la Diputación”, afirmó.
El presidente se refirió asimismo a la faceta personal de Buciños, definiéndolo como “un creador generoso, cercano, siempre disponible y profundamente comprometido con Ourense y con Galicia”.
La exposición se enmarca dentro de la apuesta de la Diputación por la cultura como eje estratégico, con una programación estable, apoyo a los creadores y puesta en valor de los espacios culturales provinciales, teniendo en el Marcos Valcárcel “un centro vivo, abierto y de referencia”.
Antón Buciños y Manuel García Buciños exponen juntos en el centro cultural Marcos Valcárcel MIGUEL VILLAR
El Museo acoge un seminario dedicado a Maruja Mallo
Tendrá lugar el próximo 30 de enero en horario de 10.00 a 14.00 horas
Una obra de Mallo. | A. L.
La Diputación de Pontevedra organiza el próximo viernes 30 de enero en el Museo de Pontevedra la cuarta edición del seminario «Museos, Feminismos, Canon», que en esta ocasión será una jornada monográfica dedicada a Maruja Mallo. El encuentro se celebrará de 10.00 a 14.00 horas en el Edificio Castelao y contará con las conferencias de dos especialistas en la artista: la investigadora Estrella de Diego y Patricia Molins, comisaria de la exposición que el Museo Reina Sofía le dedica actualmente en Madrid. La entrada es libre. Las personas interesadas podrán obtener certificado de asistencia si se inscriben previamente en reservas.museo@depo.gal.
El seminario revisa los estereotipos de género en el arte y las lecturas sobre el papel de la mujer en la historia y en el presente. Abrirá la sesión Estrella de Diego, profesora de la Universidad Complutense, autora de Maruja Mallo (Fundación Mapfre, 2008) e integrante del equipo del catálogo razonado de óleos publicado en 2021. Su charla se titula «¿Por qué as mulleres pintoras se chaman sempre surrealistas? O0. caso de Maruja Mallo».
A continuación, Patricia Molins, del Departamento de Exposiciones del Reina Sofía, abordará la muestra «Maruja Mallo. Máscara y compás», en la que se exhibe el cuadro «Cabeza de mujer negra» (1946), perteneciente a la colección del Museo de Pontevedra.