domingo, 20 de septiembre de 2026

ÚLTIMOS DIAS

 

Las creaciones abstractas y profundamente emocionales de Martha Jungwirth en el Museo Guggenheim de Bilbao




Australidelphia, Martha Jungwirth. Cortesía Museo Guggenheim de Bilbao


La obra de esta peculiar pintora austriaca vuelve a España tras más de 55 años sin exponerse en nuestro país. Una cuidada selección de acuarelas, óleos y libros de artista configuran un repaso por la trayectoria de esta creadora y su personal estilo abstracto. Obras que parten de su detallada observación de la forma humana, los animales, la historia del arte y sus viajes por el mundo que representa en colores vibrantes y expresivos trazos con los que expresa sus emociones. Pinturas difíciles de clasificar que plasma en soportes inesperados como libros de contabilidad y papel de estraza y que oscilan entre la abstracción y la figuración. Una muestra fundamental que hasta el 22 de septiembre permite sumergirse en exploración pictórica y única de esta artista excepcional.


El mundo en miniatura de Ronan-Jim Sévellec en “El paisaje de la memoria” en Cadaval Palace, Évora, Portugal


Le champs clos des ablutions païennes, Ronan-Jim Sévellec © Joël Laiter

Una magnífica selección de dioramas de este renombrado artista francés se reúne en este palacio histórico generando un interesante diálogo entre pasado y presente. Complejos mundos en miniatura, elaborados por el artista minuciosamente que nos proponen un viaje emocional a través del tiempo y los recuerdos. Piezas que nos trasladan a universos oníricos, donde no existe la presencia humana pero que evocan historias de sus antiguos habitantes y que revelan el paso del tiempo. Una ocasión para adentrarnos en el imaginario de este inspirador artista que convierte lo ordinario en extraordinario y que estará disponible hasta el 27 de octubre.


El artista portugués Pedro Cabrita Reis presenta su antología de 50 años de trabajo: más de 1.600 obras de su colección personal en la Mitra de Marvila, Lisboa, un espacio único que data del siglo XVI

“La palabra retrospectiva tiene un sabor entre demasiado técnico y árido, en el sentido de que suele ser una mirada hacia atrás y esta exposición no lo es. Es una potencial mirada hacia el frente”, nos cuenta el artista Pedro Cabrita Reis (Lisboa, 1956) sobre su espectacular propuesta en la Mitra de Marvila, a las afueras de Lisboa. La exposición, titulada Atelier, ha implicado al artista en la selección e instalación de más de 1.600 obras de su colección personal y se divide en más de ocho pabellones dentro de este espectacular complejo que data del siglo XVI y ha tenido, a lo largo de la historia, múltiples usos.


El poder de la luz y el color en los cuadros de Prudencio Irazabal en “Contradistancia” en el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León), León


Contradistancia, Prudencio Irazabal. Vista de la exposición, MUSAC, 2024. © Vegap, Madrid, 2024. Fotografía: Imagen MAS

Una muestra que reúne treinta y dos pinturas en las que investiga sobre la creación de la luz y el color, una constante en la obra de este artista. Composiciones abstractas compuestas por capas de acrílicos de color que construyen la pieza. A ellas incorpora materiales translúcidos y resinas acrílicas lo que hace que sus posibilidades de observación se multipliquen. Pinturas sin referencias narrativas que dependen de la percepción de quien las observa. Una invitación abierta a sumergirnos en la experiencia sensorial única que ofrece la obra de este reputado artista español y que estará disponible hasta el 13 de octubre.


Dos maestras de la fotografía, Francesca Woodman y Margaret Cameron, unidas en “Retratos para soñar” en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), Valencia


Francesca Woodman, Self-portrait at thirteen, Antella, Italy, c. 1972. Courtesy Woodman Family Foundation © Woodman Family Foundation VEGAP, Madrid

Dos de las creadoras más influyentes de la historia de la fotografía se dan cita en esta exposición que indaga en el compromiso que ambas compartieron a la hora de plasmar el retrato como si fuera un espacio de ensueño. Ciento cincuenta obras incluyendo, desde sus trabajos más famosos hasta los menos conocidos, ofrecen un recorrido por la trayectoria artística de estas dos influyentes fotógrafas que desarrollaron su carrera con 100 años de diferencia.  Una exposición que, hasta el 20 de octubre, permite acercarse al trabajo de ambas artistas de una manera diferente, explorando las relaciones entre las técnicas fotográficas de los siglos XIX y XX.


Las pinturas geométricas sobre espacios arquitectónicos de Felice Varini en Albarrán Bourdais, Menorca


Zig Zag nel disco giallo, Milano 2023. Actualisation n°1, Port Mahon, Felice Varini, 2024. Cortesía de la galería Albarrán Bourdais, Menorca

La galería reabre su espacio de Menorca con una exposición imprescindible del artista suizo Felice Varini. Pionero en el estudio de la geometría y color, su lienzo son los espacios arquitectónicos y urbanos tanto exteriores como interiores. Edificios o muros cuyas características tiene en cuenta a la hora de elaborar sus instalaciones, aunque estas muchas veces conserven su independencia. Creaciones que juegan con los distintos puntos de vista desde los que se pueden observar, elaborando así obras con cierta sensación de movimiento. Desde un enfoque óptico y cinético, genera un interesante diálogo entre el lugar donde se desarrolla la obra y su percepción, que podrá visitarse hasta el 26 de octubre.


Un diálogo entre el arte contemporáneo y la obra de Chillida en “Topalekuak” en Tabakalera, Donosti, San Sebastián


Eduardo Chillida. Cortesía de Tabakalera

Artistas tanto locales como internacionales de diferentes disciplinas exploran la obra de Eduardo Chillida para crear nuevas piezas relacionadas con el trabajo del donostiarra. Así, las creaciones de Elena Aitzkoa, Josu Bilbao, Laia Estruch, Sheroanawe Hakihiiwe, Juf (Bea Ortega Botas y Leto Ybarra), Christian Salablanca Díaz, Marianna Simnetty conversan junto con las de Chillida en esta interesante exposición que propone una nueva perspectiva de la obra del artista desde la práctica actual y que podrá verse hasta el 6 de octubre.


Europa bajo el prisma de Joel Meyerowitz, uno de los referentes fotográficos americanos en “Europa 1966-1967” en el Museo Picasso, Málaga


Londres, Inglaterra, 1966. Joel Meyerowitz (1938). Impresión con pigmentos en papel de algodón Fine Art Cortesía del artista
© Joel Meyerowitz

Una muestra que reúne retratos de personas locales, escenas cotidianas, paisajes urbanos y entornos naturales en color y blanco y negro resultado del recorrido que este artista realizó en coche por toda Europa. En él, la ciudad de Málaga cobra especial importancia ya que se convirtió en el epicentro de su aventura y en ella se instaló durante seis meses, tomando más de 8.500 fotografías. Un diario de viaje imprescindible que, hasta el 15 de diciembre, permite descubrir la personal visión de la geografía europea de uno de los más destacados fotógrafos de su generación.



DESDE REDONDELA

 


Marcos M. Puhinger: «Me inspira el mar pero también el arte pop»

El redondelano Marcos M. Puhinger, que de niño pintaba a boli sus libros de texto, dejó Citroën para dedicarse a su pasión: el arte hiperrealista

El pintor vinculado al hiperrealismo Marcos M. Puhinger (Redondela, 1977) nos recibe en el estudio que tiene en un luminoso cuarto de su céntrica vivienda en Vigo. De camino a la estancia nos muestra cuadros y reproducciones colgados en las paredes del pasillo y del salón, estancia que también emplea para pintar acuarelas.

Nos detenemos en cinco retratos hiperrealistas de su serie «Fuera de escena», que realizó en pastel negro, charcoal (carboncillo) y grafito para dos exposiciones en 2019 en las salas madrileñas Matadero y Clorofila Digital. «Cada retrato podía suponer unas 150 horas de trabajo», comenta. Las obras que aún conserva son los rostros de Andrés Lima, Óscar Jaenada, Natalie Poza, Juan Carlos Vellido y Ángela Cremonte. El resto, una docena, entre los que se encontraban Luis Tosar, Malena Alterio, Fernando Tejero o Yolanda Ramos, ya tienen otros dueños. La idea era colocar simbólicamente a actores y actrices españoles frente a la muerte y preguntarles qué expresión pondrían ante ella para captarla con un cámara y más tarde llevarla a un cuadro.

Otras obras que vamos admirando en el pequeño recorrido hacia su «Territorio de artista» nos hablan de la versatilidad de su autor, de su minuciosidad y también de su implicación social. Para un congreso de Sogaisida celebrado en Vigo diseñó un cartel basado en la farola de Urzáiz, elegida como símbolo de unión por ser lugar habitual de encuentro y de inicio o final de manifestaciones. Realizó además reproducciones para los ponentes y explica que suele reducir mucho sus honorarios cuando participa en iniciativas de carácter social.

La reproducción de la pared y puerta anexa al icónico pub Black Ball en la zona nocturna de Churruca refleja su lado más pop. En este cuadro reproduce el mural callejero que hizo Billy King, de la banda viguesa Killer Barbies. Una estampa irrecuperable del exterior de la Joyería Rosendo representa otra de sus facetas, tal vez la más reconocible de Puhinger por la técnica que emplea: el bolígrafo Bic.

Retratos de su serie «fuera de escena» / Marta G. Brea

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MADRID

 

Óscar Domínguez, el surrealista olvidado

Una exposición en Madrid rescata la figura del pintor canario

La galería de arte Guillermo de Osma expone estos días en Madrid obras del canario Óscar Domínguez (1906-1957), uno de los artistas españoles más importantes del movimiento surrealista internacional. Aquí se pueden ver cuadros muy conocidos del autor como «Le Clown», un autorretrato en paradero desconocido desde 1957, y varios de su serie de leones-bicicleta. En «Femmes sur un bateau» representa su instinto lúdico en la figura de tres mujeres que navegan sobre un barco que es a la vez una lata de sardinas. Óscar Domínguez inventó la técnica surrealista conocida como «automatismo absoluto» utilizando las decalcomanías, un procedimiento consistente en aplicar sobre una hoja de papel varias capas que configuraban al azar sorprendentes efectos.

En su obra es también frecuente la utilización de objetos metamorfoseados al servicio de la imaginación (hay varios en esta exposición). Amigo de Picasso, de Dalí y de los surrealistas del grupo de Bretón, de poetas como Georges Hugnet y Paul Éluard, Óscar Domínguez está considerado como uno de los artistas más sobresalientes de las vanguardias del siglo XX. De vida accidentada y complicada, su paisano Domingo Pérez Minik lo definió como un «disidente perenne».

Una vida al límite

Óscar Domínguez era hijo de un terrateniente canario cuya amante intentó envenenar a la esposa para casarse con él. Las primeras clases de dibujo las recibió de este padre, un personaje extravagante, pintor aficionado, coleccionista de objetos raros y dueño de varias explotaciones bananeras, mientras crecía en un ambiente en el que los vecinos de Tacoronte, su pueblo, contaban historias que años más tarde le inspiraron algunas obras, como el asesinato y empalamiento de una prostituta alcohólica a la que asesinaron en una alhóndiga cerca de su casa. En este episodio se basa «Recuerdo de mi isla», conocida también como «Paisaje de Canarias». Mientras estudiaba en la escuela ya pintaba, una actividad a la que se dedicaba con más tesón que a los cursos.

Su padre lo envió a París en 1927 para trabajar en las oficinas de su empresa en aquella ciudad, aunque siguió prestando más dedicación a la pintura y a la vida nocturna que a sus obligaciones. Regresó a España para cumplir el servicio militar y a la muerte de su padre, que sólo le dejó deudas con los acreedores, volvió a París para continuar su formación de pintor. En aquellos años conoció a Roma, una joven pianista de origen polaco con la que vivió una etapa de amor y bohemia. La pintó con las manos cortadas en un retrato de 1933. 

En Tenerife y Las Palmas presentó con éxito sus primeros cuadros surrealistas en exposiciones que alcanzaron notoriedad gracias a la presencia en una de ellas de sus amigos André Breton y Paul Éluard, en la que había también obras de Miró, Dalí, Max Ernst y Giacometti, y en la que se prohibió la proyección de la película «La edad de oro» de Buñuel. Durante la guerra civil se refugió en la casa de su hermana en Puerto de la Cruz hasta conseguir viajar clandestinamente a París con un pasaporte falso en un barco que transportaba frutas. Fijó su residencia y su taller en el barrio de Montparnasse, en un local que le cedió César González Ruano en la rue Campagne Premier (donde acogió a Esteban Francés, huido de la guerra), y se integró en el colectivo de artistas surrealistas de Bretón, participando en sus actividades y colaborando en sus publicaciones. En el café de la Place Blanche se reunía con Dalí, Max Ernst, Yves Tanguy y participaba en las exposiciones de los surrealistas. En París conoció al científico y escritor argentino Ernesto Sábato, a quien le unió una gran amistad y con quien colaboró en algunos proyectos (Sábato lo convirtió en personaje de sus novelas «Sobre héroes y tumbas» y «Abaddón el exterminador»). En París Domínguez se vio implicado en algunas reyertas, entre las que destacó el incidente con el pintor rumano Víctor Brauner, que perdió la visión de un ojo durante una pelea en la que el español defendía la honestidad de su amiga la pintora Remedios Varo. En realidad, la botella que lanzó iba dirigida a Esteban Francés, que se apartó y golpeó a Brauner en un ojo. Y una curiosidad: Víctor Brauner había hecho diez años antes un autorretrato en el que pintó uno de sus ojos con la cuenca vacía, de la que colgaba una D mayúscula. A Domínguez le costó sicológicamente superar aquella situación.

Pasó la guerra mundial en Perpiñán y en Marsella, viviendo con muchas dificultades en pensiones baratas de Air-Bel. Aún regresó al París ocupado, en 1941, donde llegó a presentar una exposición individual en la que conoció a la artista canaria Maud Bonneaud. En estos años se separó del grupo surrealista, se acercó a la obra de Picasso, con quien entabló una sólida amistad y, en el aspecto personal rompió también con Roma para casarse con Maud. Después de la guerra obtuvo la nacionalidad francesa y su obra comenzó a ser reconocida internacionalmente. En 1947 publicó su único libro «Les deux qui se croisent», ingenioso, fantástico y surrealista. Fueron los años de mayor éxito para Óscar Domínguez, que comenzaron a declinar, al mismo tiempo que su salud, a comienzos de los 50, cuando tras divorciarse de Maud (que se casó con Eduardo Westerdahl, uno de los mejores amigos de Óscar Domínguez y editor de la Gaceta de Arte, la revista que organizó su primera exposición individual en 1933) comenzó a relacionarse con la escultora Nadine Effront, culta, rica y liberal, y sobre todo con Marie-Laure Noailles, que lo ayudó a organizar algunas exposiciones y lo introdujo en el «gran mundo» parisino, lo llevó a vivir con ella a Villa Noailles, la residencia de verano de la aristócrata en la Costa Azul. Allí el pintor encontró durante algún tiempo el sosiego que necesitaba para rescatar el equilibrio emocional que había perdido, hundido en el alcohol y el fracaso de su matrimonio. Acosado por el alcoholismo y la enfermedad, una acromegalia que hacía que su cabeza aumentara de tamaño (el periódico «L’Express» lo describió como «un personaje grandiosamente monstruoso»), fue internado en un sanatorio siquiátrico después de protagonizar episodios violentos y peligrosos, como hacer disparos en plena calle durante una de sus borracheras. 

El día de fin de año de 1957 su amiga Ninette Lyon lo invitó a una fiesta de Nochevieja en su casa, con Man Ray, Max Ernst y otros amigos. Domínguez no asistió y al día siguiente Ninette envió a su chófer para que investigara lo sucedido. Lo encontraron muerto en el cuarto de baño de su casa, desnudo y con cortes en las muñecas y en los tobillos.

El artista Óscar Domínguez. / © Michel Sima. Rue des Archives. Cordon Press


«Les cocottes en papier»


«El triple trazo»

«Frutero come fruta»



«Femmes sur un Bateau», 1950






«León-bicicleta»




«Rinoceronte. Autorretrato», 1946





«Interior», 1951






HASTA EL 6 DE NOVIEMBRE

(FARO DE VIGO)

miércoles, 29 de julio de 2026

SEVILLA

 

La última pintura (Del 19 de junio de 2026 al 28 de febrero de 2027, en el Centro Andaluz de Arte
Contemporáneo (CAAC), en Sevilla)



La exposición titulada La última pintura responde al encargo del CAAC de organizar una muestra que ofreciera una visión panorámica de la creación pictórica que actualmente se desarrolla en Andalucía. El proyecto se enmarca dentro de la línea de trabajo que el centro viene desarrollando desde hace años con el propósito de dar visibilidad al trabajo de los jóvenes creadores que desarrollan su actividad en nuestra comunidad.

En esa clave, una de las premisas de la selección de los artistas realizada por los comisarios para esta exposición, ha sido la de evitar que se convirtiera en un mero catálogo de nombres refrendados por el sistema del arte. Más bien, evitando restringir el concepto de pintura a los cánones en uso, nos propusimos componer una selección de obras producidas por artistas andaluces que nos permitieran mostrar la variedad de maneras de abordar la pintura en nuestros días. La ordenación de las piezas aspira a enfatizar la interrelación entre ellas, intentando ayudar a su comprensión en un marco más amplio y facilitando al mismo tiempo la adecuada interpretación de la labor pictórica personal de cada artista.

A nuestro parecer, las obras que hemos seleccionado de Irene Anguita (Córdoba, 1997), Andrés Aparicio (Villarrasa, Huelva, 1989), María Rosa Aránega (Almería, 1995), Fran Baena (Priego de Córdoba, 1999), Marta Beltrán (Granada, 1977), Fátima Calderón (Puebla de Cazalla, Sevilla, 1986), Carlos Cañadas (Granada, 1998), Alejandro Castillo (Melilla, 1992), Pilar Consuegra (Pozoblanco, Córdoba, 1982), Agus Díaz Vázquez (El Cerro del Andévalo, Huelva, 1987), Pepe Domínguez (Sevilla, 1996), Abel García (Sevilla, 1996), Sofía González (Sevilla, 1994), Susana Ibáñez (Sevilla, 1981), Julia Llerena (Sevilla, 1985), Manuel M. Romero (Sevilla, 1993), Gloria Martín (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1980), Martínez Bellido (Cádiz, 1992), Elena Núñez (Sevilla, 1998), Bernar S.F. (Sevilla, 1988), Julia Santa Olalla (Granada, 1985), Raquel Serrano (Huelva, 1995), Lucía Tello (Sevilla, 1996), Jorge Thuillier (Cádiz, 1989), Cachito Vallés (Sevilla, 1986), José Luis Valverde (Málaga, 1987) y Laura Vinós (Córdoba, 1998) resultan buenos ejemplos de sus respectivos compromisos con la pintura y evidencian la singularidad de su creatividad. El conjunto de estas trayectorias tan diversas nos permite también descubrir un panorama sugerente y enriquecedor de la creación actual en Andalucía.

No es esta una exposición que aspire a ser una defensa o exaltación de la pintura dentro del panorama del arte contemporáneo. A nuestro modo de ver, ese tipo de iniciativas corren el riesgo de hacerle más daño que bien a la causa que pretenden sostener. De hecho, esta exposición bien podría haberse titulado La última exposición de pintura, y no porque creamos que esta modalidad del arte vaya a desaparecer, sino porque, a nuestro entender, en el arte la separación en géneros o disciplinas hace ya tiempo que carece de sentido y remite a criterios decimonónicos obsoletos. La creación visual contemporánea debe entenderse tal como es, esto es, como un archipiélago en el que conviven diferentes procedimientos, técnicas y modos de hacer, y cualquier reflejo adecuado de esta fragmentada realidad debe abstenerse de sustentarse en divisiones academicistas.

¿Por qué La última pintura? ¿Por qué organizar una exposición dedicada a la pintura en absoluto? Ciertamente, el encargo del CAAC era muy preciso en este sentido; tanto la demanda como la respuesta responden a que, en anteriores muestras afines, este campo había quedado inexplorado o infrarrepresentado. De ahí la necesidad de darle visibilidad. De no hacerlo, quedaría desatendida la producción pictórica, una práctica que es de hecho mayoritaria en el arte contemporáneo andaluz.

Aunque el objetivo inicial de esta exposición era mostrar el trabajo de artistas que comienzan su producción tras el cambio de siglo, no nos llevó mucho reparar en que sería pertinente incorporar obras de cinco artistas de generaciones anteriores que continúan en plena actividad. Y lo hemos hecho, por una parte, para evitar un cierto adanismo no poco frecuente en este tipo de muestras y, al tiempo, para propiciar un diálogo intergeneracional que consideramos enriquecedor para todos, jóvenes, veteranos y público. Se trata de cinco autores con una trayectoria sólida en el ámbito de la creación contemporánea, cuya producción se caracteriza por una renovación constante. Este hecho puede haber influido en que, en algunos casos, su trabajo no haya alcanzado la difusión que merece. La exposición incluye así obras de José María Bermejo (Olivares, Sevilla, 1952), Juan José Fuentes (Benamejí, Córdoba, 1954), Victoria Gil (Badajoz, 1963), Francisco Peinado (Málaga, 1941) y Juan Suárez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1946). Su trabajo puede servir de referencia para ayudar a entender los territorios por los que detectamos que sigue transitando buena parte de los jóvenes artistas seleccionados para la exposición. El recorrido que así queda esbozado está marcado con ciertos hitos, desde la figuración expresionista narrativa de Francisco Peinado a la abstracción más depurada de Juan Suárez, pasando por el pop surrealista de Juan José Fuentes, la memoria y lo onírico de Victoria Gil, y la idea que, de la metamorfosis, la repetición y el cambio se hace José María Bermejo.

Bajo el título de La última pintura podríamos estar refiriéndonos tanto a la pintura que se acaba de realizar, esto es, la más reciente, como a la pintura que se produce al final de una trayectoria. Sea como fuere, las obras expuestas son reflejo del compromiso de sus autores por hacer un trabajo sin concesiones fáciles. Esperamos que la senda trazada en esta muestra ayude a conocer sus obras y estimule al espectador a mirar como si de una primera ocasión se tratase. Solo así estará en condiciones de apreciar la difícil tarea de renovación a la que se enfrenta el artista en cada lienzo. Como señalara Chantal Maillard, «artista es aquel que sabe jugar en el límite, a riesgo de perderse a sí mismo, pues esta es la regla del juego; es un funámbulo que atraviesa el abismo sobre la cuerda floja a sabiendas de que la red, cualquier red, si la usa, es una trampa».

Confiamos en que esta exposición resulte de utilidad para ensanchar los horizontes del debate sobre la actualidad y la pertinencia de una actividad, la pictórica, que persiste en este mundo de vertiginoso desarrollo tecnológico que con tanta frecuencia nos atropella; una tarea antigua que quizá logre sobrevivir a pesar de sí misma.

Curro González y Alberto Figueroa

A CORUÑA

 

Doubts, de Paolo Roversi (Del 20 de junio al 20 de septiembre, en la Fundación MOP, en A Coruña)



Doubts, la gran exposición que la Fundación MOP dedica a Paolo Roversi, puede visitarse hasta el 20 de septiembre de 2026. La muestra, que incluye tanto obras icónicas del artista como imágenes inéditas hasta la fecha, propone un recorrido íntimo por la carrera de Roversi al mismo tiempo que celebra su decisiva impronta en el lenguaje de la fotografía de moda.

A lo largo de su trayectoria artística de más de cuatro décadas, Paolo Roversi ha construido un lenguaje fotográfico absolutamente propio. Y es que es capaz de insuflar vida a sus imágenes de una forma que roza lo desconcertante. Como señala el crítico Vince Aletti, muchas de las mejores fotografías de Roversi «parecen cobrar vida ante nuestra mirada... sus imágenes emocionan al punto que resulta imposible confinarlas a una página, a una pared».

Doubts es el título que Roversi ha escogido para su exposición en el Centro MOP. Y es que, para él, las dudas «abren la puerta a la creatividad y la imaginación, de igual modo que las certezas la cierran». En Doubts encontramos muchos de los elementos que mejor definen su manera de trabajar, entre los que se incluye su constante fascinación por las posibilidades experimentales que ofrece la Polaroid.

Con Doubts, la nave del Centro MOP se ha transformado en una red de secciones interconectadas, cada una de las cuales representa un aspecto diferente de la estética de Roversi: Theatre, Appearances, Shadows, Doubts, People, Presence, Grace, Beauty y Fading. Entendidas como un todo, estas secciones dan cuenta de la maestría técnica de Roversi en toda su magnitud, la peculiaridad de su visión y una convicción cuasirreligiosa de que la belleza se halla en el silencio, en las sombras y en el vacío que se da entre las cosas.

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