Fundación Mapfre ha presentado hoy, las exposiciones Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra y Helen Levitt, dos exposiciones que coinciden en celebrar a dos de los artistas más relevantes en su medio: Anders Zorn, el más internacional de los pintores suecos del siglo XIX y Helen Lewitt una de las fotógrafas más célebres de la primera mitad del siglo XX.
Ambos, además, abordaron con gran interés sus orígenes, el primero en la provincia de Dalecarlia, en su Suecia natal, la segunda en las calles de Nueva York
Recorrer el mundo, recordar la tierra presenta una interesante y completa panorámica del conjunto de la obra de Anders Zorn: desde sus primeras acuarelas y sus viajes de formación, su posterior establecimiento en París —donde fue uno de los protagonistas del triunfo de la pintura naturalista— hasta su retorno a Suecia en 1896 y sus viajes a Estados Unidos. La muestra incluye también su producción española, con obras de Sevilla, Cádiz y Granada, así como otras piezas que testimonian su amistad con Joaquín Sorolla o Ramón Casas.
Por su parte, la muestra dedicada a Helen Levitt propone un recorrido integral por la obra de una de las pioneras de la fotografía de calle, cuya sensibilidad para capturar la vida urbana con espontaneidad y poética ha dejado una huella indeleble en la historia del medio. Podrán visitarse desde el 19 de febrero hasta el 17 de mayo, en la sede de la Fundación, situada en el Paseo de Recoletos, 23.
ENTRE LA PROYECCIÓN INTERNACIONAL Y EL ARRAIGO A LOS ORIGENES
Anders Zorn (1860-1920) fue el pintor sueco más destacado de finales del siglo XIX y principios del XX. Nacido en un entorno rural humilde en la región de Dalecarlia, alcanzó una extraordinaria proyección internacional gracias a su talento y su dominio de distintas técnicas artísticas. Llegó a convertirse en uno de los retratistas más solicitados de su tiempo, y se relacionó con naturalidad con monarcas, aristócratas, banqueros y otras personalidades de la sociedad europea y estadounidense. Sin embargo, nunca olvidó sus raíces, y, además de captar la vida tradicional de su región de origen, participó activamente en la promoción y conservación de sus costumbres y su patrimonio frente a la amenaza que suponía la llegada de la industrialización.
Los inicios de Zorn están ligados a un dominio virtuoso de la acuarela, técnica que perfeccionó a través de sus distintos viajes de juventud, entre los que destacan los realizados a España. Visitó nuestro país en nueve ocasiones, entre 1881 y 1914, lo que demuestra el profundo interés que le despertaba y en el que también estableció importantes relaciones personales.
Si bien su primera visita estuvo motivada por la fascinación que ejercía la imagen romántica de España, tan exitosa en Europa, en viajes posteriores acudió para llevar a cabo encargos de retratos en Madrid o simplemente para conocer mejor su cultura y sus tradiciones y visitar amigos. Zorn solo pintó motivos españoles en sus tres primeros viajes. En estas obras se hace evidente la herencia del estereotipo romántico, en particular a la hora de representar a la mujer española, aunque el artista muestra una mayor libertad y modernidad en sus paisajes y escenas urbanas. Además, mantuvo una estrecha amistad con destacados pintores como Joaquín Sorolla y Ramón Casas, y tuvo en Velázquez a uno de sus principales referentes artísticos.
Establecido en París desde 1888, el artista se consolidó como uno de los protagonistas del triunfo del naturalismo en las exposiciones internacionales junto a artistas como John Singer Sargent o Joaquín Sorolla. Su éxito pronto desbordó las fronteras europeas y llegó a Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los retratistas predilectos de las grandes fortunas del país.
A pesar de su extraordinario reconocimiento internacional, Zorn siempre mantuvo un profundo vínculo con su país, y en 1896, más de dos décadas después de haber salido de la tierra que le vio nacer, regresó a Mora, donde falleció en 1920.
La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una obra en la que la representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de numerosos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal.
El discurso expositivo realiza un recorrido cronológico y temático por la obra del artista a través de siete ámbitos y más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, lo que ofrece una completa panorámica de la producción del pintor. Durante el recorrido el visitante se encontrará con una nueva propuesta las Cartelas de autor como una manera diferente de mirar el arte. En ellas, los autores invitados (escritores, fotógrafos, historiadores, etc.) comparten sus impresiones al contemplar algunas de las obras expuestas. En esta ocasión, los textos han corrido a cargo de Estrella de Diego, Julio Llamazares, Gloria Oyarzábal y Marta Sanz.
La muestra, comisariada por Casilda Ybarra Satrústegui con el asesoramiento científico de Johan Cederlund y Carl-Johan Olsson y coorganizada junto a la Hamburger Kunsthalle de Hamburgo, cuenta con la colaboración del Zornmuseet de Mora y del Nationalmuseum de Estocolmo, así como con la participación de más de cuarenta prestadores, entre los que destacan, además de las instituciones mencionadas, la Casa Real de Suecia, el Göteborgs Konstmuseum, las Gallerie degli Uffizi, la National Portrait Gallery de Washington, el Museum of Fine Arts de Boston, la Alte Nationalgalerie de Berlín, el Museo Sorolla o el Museo Nacional del Prado.
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Helen Levitt New York, c. 1940 © Film Documents LLC, cortesía Zander Galerie, Colonia |