Carmen Laffón en el Thyssen: sentido y sensibilidad
El museo inaugura la primera gran exposición de la artista figurativa más abstracta tras su muerte en 2021, centrada en la naturaleza muerta y el paisaje
| Carmen Laffón. 'La terraza. Madrid', 1973-1975. Colección privada. (© Carmen Laffón, Vegap, Madrid, 202 |
| Carmen Laffón, 1960. (Archivo Familia Laffón) |
Mientras se ultima el montaje de la exposición, que se abre al público del 23 de junio al 27 de septiembre, recorremos las salas junto con la comisaria, Paula Luengo, jefa de exposiciones del Museo Thyssen. Más que una muestra, es un homenaje a la artista. Reúne 77 obras, entre óleos, carboncillos y esculturas (desde 1990, Laffón también esculpe). Entre los prestadores, muchos coleccionistas privados -cuenta con fieles y entusiastas seguidores-, especialmente su familia, encabezada por su sobrino Manuel. El título de la muestra, 'Carmen Laffón. Variaciones', explica la forma en la que trabajaba la artista, siempre en series. Quizá este gusto por las variaciones le venga de la música. Desde muy pequeña estudió piano.
Pinta objetos cotidianos (una canasta con ropa blanca, una máquina de coser); también, armarios, repisas y alacenas
Sus temas recurrentes protagonizan las nueve secciones en que está distribuida la muestra, que se centra en la naturaleza muerta y el paisaje. No hay retratos. Sus hermosos paisajes son tanto interiores como exteriores. Comienza la exposición con los primeros y, concretamente, con una sección dedicada a la infancia: la muñeca Marcelina (su primera serie, de los años 60), que encuentra en casa de una amiga y pinta seis veces. Cuelgan dos: una sombría y más onírica, otra más luminosa. También se exhiben dos de las cunas, de gran formato. Indaga en ellas la vulnerabilidad de los recién nacidos. En una, de 1995, pinta a su sobrina nieta Inés. Son obras íntimas, de su entorno más cercano. Explica Paula Luego que la atmósfera onírica de estas primeras obras «evocan el realismo mágico, como algunas pinturas de la primera etapa de Antonio López».
De ahí pasamos a sus bodegones o naturalezas muertas, que suelen ser al principio horizontales y divididos en dos planos. El entorno suele aparecer difuminado. Años después aparecería el formato vertical, el paisaje como fondo... Se cuela en la sala un cuadro-escultura con hojas de parra. Le gusta pintar objetos cotidianos que hay en su casa: canastas con ropa blanca y con flores, tres máquinas de coser... Dos están tapadas. Son muy distintas de la que pintó Isabel Quintanilla, que vimos en estas mismas salas. Le interesa el juego de mostrar y ocultar. También cuelgan armarios, repisas y alacenas: unos abiertos, otros entreabiertos o cerrados; en blanco, en negro y en color. Parecen flotar en el espacio. Algunas de sus obras se hallan a medio camino entre la pintura y la escultura.
«Para mi labor pictórica fue un inagotable caudal de sugerencias», dijo Carmen Laffón sobre el Coto de Doñana
Carmen Laffón sale de la intimidad de la casa y pinta paisajes urbanos: azoteas, terrazas y vistas de su Sevilla natal, Madrid (la terraza de la casa donde vivía, en María de Molina esquina con Serrano), Sanlúcar de Barrameda o el Coto de Doñana, «un paraje natural que tanto amaba», dice Paula Luengo. «Es el entorno con el que la artista desarrolló un vínculo personal más fuerte. Con el tiempo pasa de ser un tema a ser una razón de ser. Hace suyo el paisaje del Coto a través del sentimiento». Lo explicaba así la propia artista: «La variación continua de este paisaje, la sorpresa que ocasiona a cada hora, sus rumores, sus olores de piedras mojadas, de algas y del mar de Poniente, fueron, y siguen siendo para mi labor pictórica, un inagotable caudal de sugerencias».
Al igual que maestros abstractos como Rothko, Laffón pinta «poéticas manchas de color», algunas en colores pastel; otras en intensos rojos y azules. Y al igual que antes hicieron artistas como Turner, Monet o Seurat, ella plasmaba en sus obras los cambios de luz a lo largo del día, los fenómenos atmosféricos, las distintas estaciones...
«Carmen Laffón demuestra una exquisita sensibilidad y delicadeza hacia la luz y el color»