Hortensia Herrero (Valencia, 1950) ha cerrado 2025 formando parte de la lista de los 200 coleccionistas de arte más influyentes del mundo, según ARTnews. Por segundo año consecutivo figura en este selecto ranking internacional, compartiendo espacio con nombres como el matrimonio Arnault (LVMH), François Pinault (Kering) o Miuccia Prada, entre otros grandes referentes del coleccionismo contemporáneo.
La coleccionista valenciana presenta, además, un perfil singular y especialmente interesante: combina una clara vocación internacional con un profundo arraigo local. Vicepresidenta de Mercadona y esposa de Juan Roig, Hortensia Herrero es una apasionada del arte que recorre ferias y centros internacionales en busca de nuevas obras para su colección, acompañada por Javier Molins, asesor artístico del Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) de Valencia. Paralelamente, toda su estrategia coleccionista se articula en torno a un objetivo claro: construir un legado cultural sólido y con significado para la Comunidad Valenciana.
No resulta casual, por tanto, que uno de los primeros artistas en incorporarse a su colección —cuando aún no estaba en marcha el actual proyecto expositivo del Palacio de Valeriola, edificio del siglo XVII restaurado y adaptado con una inversión de 40 millones de euros— fuera Manolo Valdés (Valencia, 1942). Considerado el artista valenciano más internacional, reside en Nueva York, ciudad en la que se encuentra su taller y a la que acude a diario vestido con mono de trabajo, al modo de László Moholy-Nagy en la Bauhaus.
Manolo Valdés no sólo fue uno de los creadores más transgresores del S. XX con la fundación del provocador grupo Equipo Crónica en 1964; es también un extraordinario pintor figurativo y un profundo conocedor de los grandes maestros españoles, como evidencian sus célebres Meninas o Reinas Marianas. A ello se suma una trayectoria marcada por un fuerte vínculo emocional y creativo con su tierra natal.
Manolo Valdés, uno de los primeros nombres de la colección
Formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia —de la que fue expulsado en su primer curso—, Manolo Valdés realizó una breve estancia estival en París. A su regreso, tras descubrir a artistas como Rauschenberg o Soulages, inició una producción más personal en la que los materiales adquirieron un protagonismo central. Obras reivindicativas, rebeldes, contestatarias e incluso peligrosas en un contexto marcado por la ausencia de democracia: España era entonces el único país europeo que vivía en un sistema de dictadura.
El estudio del Equipo Crónica —integrado por Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo— se situaba en la calle Turia, un espacio que se convirtió no sólo en lugar de creación, sino también en uno de los principales puntos de encuentro cultural de la Valencia de los años setenta.
Hoy, Manolo Valdés y Hortensia Herrero, artista y mecenas, son dos de las figuras más internacionales y relevantes del panorama artístico. Quizá por el profundo vínculo que ambos mantienen con Valencia, sus trayectorias estaban destinadas a cruzarse. En 2017, seis esculturas monumentales de Valdés —La Mariposa, Los Aretes, La Diadema, Mariposas, La Doble Imagen y La Pamela— se expusieron temporalmente al aire libre en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, gracias a la Fundación Hortensia Herrero.
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