Muzeu sitúa a Braga en el foco del arte contemporáneo
La instalación, en un edificio histórico, muestra la colección privada del empresario José Teixeira, con una sala permanente dedicada al pintor alemán Anselm Kiefer
Al recibir en su despacho, José Teixeira disculpa la presencia de una fotocopiadora: «Por favor, no crea que ese monstruo se va a quedar aquí. Ni eso otro», señala el cableado de un enchufe. «La belleza debe estar en todo, hay una necesidad diaria de buscar lo bello, el bien y la verdad», repite varias veces. Una audaz filosofía con la que dirige a los 4.000 trabajadores de DST Group —uno de los mayores conglomerados de ingeniería de Portugal—, con la que empezó a coleccionar arte en los años ochenta y con la que acaba de inaugurar Muzeu, un centro de arte contemporáneo donde expone su colección privada. Con 1.500 obras, de más de 240 autores, este museo pone en Braga, sin riesgo de exagerar, los focos culturales de toda la Península.
La ciudad, con una escena cada vez más vibrante, solo contaba con un espacio íntegramente destinado al arte contemporáneo, la galería Zet, que también pertenece al empresario. Zet responde a Zé (diminutivo de José) Teixeira, y explica la z en el nombre de Muzeu. En su logotipo, esta aparece representada con la grafía del griego clásico, en una clara alusión filosófica a la idea que Teixeira atribuye a este nuevo espacio: «Debe ser una plaza pública, donde la gente se encuentre y discuta ideas». De ahí que el gran auditorio, de 1.500 butacas, se llame ágora y, de ahí también, las dos obras con que se abre la exposición: la fotografía de Candida Höfer de la iglesia de los jerónimos y el cuadro La hora más silenciosa, de Eduard Resbier, que representa un teatro vacío. Teatro, recogimiento, reflexión, religión… son constantes en el imaginario de Teixeira.
Silencio y búsqueda íntima
«Haremos un ciclo de conferencias sobre el silencio, por la importancia que tiene para la búsqueda íntima», dice este extraño empresario, que cree que «el trabajo de la educación cultural no tiene fin, porque es un proceso», explica, citando al cardenal Tolentino Mendoça: «Dios no tiene límite». Creyente y criado en provincias por una familia de canteros, Teixeira creció leyendo los libros de la biblioteca ambulante de la Fundación Gulbenkian y, a los 20 años, tuvo la idea de pedirle a su padre que financiara la Compañía de Teatro de Braga. Empezaba un largo camino entregado al mundo del arte, que este 25 de abril, con la apertura al público de Muzeu, ofreció a la comunidad.
La fecha de apertura, en el aniversario de la Revolución de los Claveles, no es casual, como tampoco lo es que el ciclo de actividades y conferencias de los primeros seis meses se titule «Abrir abril». «Sin el 25 de abril no tendría nada de lo que tengo, y últimamente se le está cerrando la puerta a esta fecha», reclama, con una visión social que lo ha hecho muy visible en el país. «Más que una responsabilidad, tengo un deber. La riqueza que tenemos fue creada a partir de la comunidad, de sus carreteras, electricidad, hospitales y colegios públicos. Se trata de dar y recibir», insiste.
Lo que en otros casos puede sonar a cliché, aquí es un entusiasmo casi infantil: «Quise democratizar el acceso al arte. Esta colección no puede ser solo para mí. Sentí una felicidad brutal al sacar estas obras de mi casa y ofrecérselas al público». Lo hace en un edificio histórico, con la restauración del arquitecto José Carvalho Araújo y tras una inversión total de 40 millones de euros; a partir de ahora, destinará otros 2,5 millones anuales a mantenimiento y nuevas adquisiciones, que seguirán siendo su decisión: «La colección seguirá obedeciendo a mi gusto. La ideología del museo es mía. El velo está en la vista de quien ve, y este es mi velo».
Aunque Teixeira se ha rodeado de un equipo de expertos, como la directora del centro, Helena Mendes, que participó en la concepción de estas instalaciones desde el 2020. «Yo nunca sé qué va a comprar, pero trabajamos sobre algunos nombres concretos, además de un fuerte programa de actividades paralelas, necesarias en la ciudad», destaca la gestora cultural.
Las exposiciones son de carácter temporal, excepto la espectacular sala permanente dedicada a Anselm Kiefer, en el piso superior. La otra colección permanente está en el campus empresarial DST, con más de 30 obras en el exterior, y edificios de Souto de Moura, Siza Vieira o Norman Foster. En estas salas, ya se pueden ver las obras de artistas lusos de referencia, empezando por la fachada del edificio, intervenida por José Pedro Croft, y siguiendo por Fernanda Fragateiro, Pedro Cabrita Reis, Rui Chafes, Lourdes Castro, Paula Rego…; y también internacionales, como Jeff Koons, Alex Katz, Nan Goldin o el propio Kiefer.
«¿Por qué la gente debe venir a Braga a visitar el Muzeu?», le preguntan. «Para no acabar en una farmacia», bromea Teixeira. O de otra manera: «Muzeu es el lugar que escogimos para compartir con otros lo que nos hace sentir bien, lo que nos hace más humanistas, comprensivos y amantes de la belleza».
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