jueves, 30 de abril de 2026

MADRID REINA SOFIA

 

Aurèlia Muñoz, la gran artista que sobrevivió a la categoría de la artesana dedicada a “labores de mujeres”

El Museo Reina Sofía, en colaboración con el MACBA, presenta ‘Entes’, una exposición en el centenario de la creadora que trabajó el textil, el macramé, el papel, el dibujo y la fotografía

Las monumentales esculturas de Macramé de Amèlia Muñoz en la exposición 'Entes', en el Museo Reina Sofía de Madrid.FÁTIMA SANZ (Europa Pres

Aurelia Muñoz tuvo una revelación ante el Tapiz románico de la Creación de la catedral de Girona. “Ahí nació mi interés definitivo”, contaba la artista para tratar de explicar por qué en los sesenta, cuando ya había pasado los 30 años, comenzó su carrera con una apuesta por el arte textil. Desde aquel momento, tuvo un gran éxito internacional que le permitió trabajar en Europa, América y Japón, participar en importantes ferias y protagonizar exposiciones individuales. Ni siquiera la misoginia más letal del franquismo pudo torpedear un universo que transitó los tejidos, el macramé, el papel, el dibujo y la fotografía. Fue ya en democracia cuando cayó en el olvido. Una travesía por el desierto temporal, porque a partir de 2018, y sobre todo con el final del confinamiento, su legado dinamitó las etiquetas de arte decorativo, artesanía, labores domésticas, a fin de cuentas, de trabajo de mujeres. Cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, el MACBA y el Museo Reina Sofía se han conjurado en la muestra Aurèlia Muñoz. Entes para, dicen sus responsables, no recuperar su figura, sino, “reivindicarla en su contemporaneidad radical”.

Esa capacidad de Muñoz de superar las estrecheces de los encasillamientos se manifiesta en la primera sala en la que se reúne una muestra de fotografías de varias de sus piezas, no de sus obras. Esta carta de presentación pretende definir a una artista que, en palabras de Sílvia Ventosa, comisaria, responsable del archivo y su hija, “era rigurosa, autoexigente y trabajó siempre de manera colectiva consultando a otros expertos, solía decir que lo importante era lo que venía de fuera, en mi casa siempre había todo tipo de artistas”. Por eso se rodeó de importantes fotógrafos de la época como Lluís Casals y Catalá-Roca para que dieran cuenta testimonial de sus obras y por su afán de profesionalizar su trabajo, siempre abierto a la reflexión y el descubrimiento. “Era muy estructurada. Recuerdo frases como ’50% relaciones públicas y 50% trabajo’. Dedicaba todas las mañanas a tareas administrativas y por las tardes, cuando trabajaba, ni una mosca se podía mover”, relata Ventosa.


Entrada a la exposición 'Aurèlia Muñoz. Entes', donde se exponen varias fotografías de sus obras.MUSEO REINA SOFÍA

La exposición se despliega, casi de manera cronológica por cada una de sus etapas creativas. Ya en la primera, la que devino del descubrimiento del tapiz de Girona, Muñoz demostró que era capaz de pintar a partir del bordado como demuestra en el monumental e impresionante Homenaje a Jerónimo Bosco (1971), un tapiz de más de tres metros que se puede ver por primera vez en un museo. Desde mediados de los años sesenta participó en las Bienales Internacionales del Tapiz de Lausana donde conoció a colegas de la misma disciplina como la colombiana Olga de Amaral, la norteamericana Sheila Hicks y la polaca Magdalena Abakanowicz. Allí se reunían directores de museos, galeristas y críticos de arte quienes la fueron convocando a exposiciones individuales, y a quienes legaba, recuerda su hija, el género o disciplina de sus piezas. “Ella solía decir: ‘yo hago y ya vosotros le ponéis las etiquetas”, matiza Velasco, que reconoce que la crítica siempre fue muy favorable al trabajo de la artista.

'Homenaje a Jerónimo Bosco', 1971. Bordado de lana y algodón sobre arpillera de yute (300 x 475 cm). Collection Provinciehuis Noord-Brabant, 's-Hertogenbosch.
Fatima Sanz Museo Reina Sofia

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(EL PAIS)

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